miércoles, 16 de marzo de 2011

Luisa Fernanda Hernández Cabezas G:28

¿Cuál es la crisis del Plan Nacional de Desarrollo? (I)

Estima que los planes de desarrollo, por el hecho de su aprobación en el Congreso de la República, son hoy un remiendo de iniciativas desordenadas. Tanto el Gobierno, los congresistas y el sector privado, se aprovechan del trámite del Plan, por el Congreso para introducir todo tipo de remiendos legislativos sin relación con las orientaciones estratégicas de éste y sin que medie un debate profundo y técnico.
El diagnóstico del editorial es muy sensato, pero sus conclusiones son discutibles. Básicamente se propone que se vuelva a los tiempos anteriores a 1991, cuando el Gobierno nacional elaboraba y aprobaba los planes. A puerta cerrada, el Departamento Nacional de Planeación determinaba la planificación de un país entero, las metas de un cuatrienio y los proyectos más importantes a desarrollar.
Esta conclusión no es neutra. La reflexión subyacente consiste en pensar que es saludable que este tipo de decisiones cruciales para un país las tome un equipo de técnicos, básicamente porque los espacios de concertación democrática como el Congreso, etc., son ineficientes, corruptos y aunque no se confiesa no cuentan con el bagaje intelectual de algunos funcionarios a los que les gusta que les llamen tecnócratas. En el fondo, es la misma reflexión con la que algunos juristas defienden la idea de que la Corte Constitucional sustituya al Congreso y legisle en sus fallos, como en la eutanasia, las relaciones entre parejas del mismo sexo o el UPAC. El argumento es que ante la incapacidad del órgano que eligen directamente los colombianos, es decir por culpa de la ineficiencia de las instituciones democráticas, pues que proceda la Corte en su sabiduría a decidir los asuntos de sociedad más importantes.
Es cierto que antes de 1991 el Plan de Desarrollo lo construía y lo aprobaba el Gobierno. Pero el Congreso no era un convidado de piedra. En el Congreso se aprobaba el presupuesto general de la nación y por ende la transferencia de recursos a las entidades territoriales. No olvidemos que antes de 1991, el sistema de transferencias no dependía de una fórmula matemática que transfiriera con regularidad y por derecho propio los recursos de la Nación a las regiones, como ocurre hoy en día. Las transferencias de cada entidad territorial resultaban de pulsos entre los representantes regionales y el Gobierno; en otras palabras, el espacio de concertación democrática no era el Plan de Desarrollo, pero sí el presupuesto general que a la postre lo ejecutaba.
De pronto lo que está en crisis es la idea misma del Plan Nacional de Desarrollo, más que su aprobación por el Congreso. Son muy pocos los países serios que aún pretenden centralizar la planeación de una realidad descentralizada. La crisis también está en el Departamento Nacional de Planeación, que vive por y para el Plan, y que se ha resistido a la idea de desconcentrarse para concertar la planificación del país con las regiones, que en un mundo globalizado, son los verdaderos actores del desarrollo.

 ¿Cuál es la crisis del Plan Nacional de Desarrollo? (I)

Los planes de desarrollo, de su aprobación en el Congreso de la República, son desordenadas. Tanto el Gobierno, los congresistas y el sector privado, se aprovechan del trámite del Plan, para introducir todo tipo de remiendos legislativos con las orientaciones estratégicas un debate profundo y técnico.

El diagnóstico es muy sensato, pero sus conclusiones son discutibles. Básicamente se vuelva a los tiempos anteriores a 1991, cuando el Gobierno nacional elaboraba y aprobaba los planes. El Departamento Nacional de Planeación determinaba las metas de los proyectos más importantes a desarrollar.

Esta reflexión consiste en pensar que es saludable este tipo de decisiones cruciales para un equipo de técnicos, básicamente porque los espacios de concertación democrática son ineficientes, corruptos y  no cuentan con el bagaje intelectual de algunos funcionarios En el fondo, es la misma reflexión con la que algunos juristas defienden la idea de que la Corte Constitucional sustituya al Congreso y legisle en sus fallos, las relaciones entre parejas del mismo sexo o el UPAC. El argumento es que ante la incapacidad del órgano que eligen directamente los colombianos, es pues que proceda la Corte en su sabiduría a decidir los asuntos de sociedad más importantes.

Antes de 1991 el Plan de Desarrollo lo construía y lo aprobaba el Gobierno. Pero el Congreso se aprobaba el presupuesto general de la nación y por ende la transferencia de recursos a las entidades territoriales. No olvidemos que el sistema de transferencias no dependía de una fórmula matemática que transfiriera con regularidad y por derecho propio los recursos de la Nación a las regiones, como hoy en día. Las transferencias de cada entidad territorial resultaban de los representantes regionales y el Gobierno; en otras palabras, el espacio de concertación democrática no era el Plan de Desarrollo, pero sí el presupuesto general que lo ejecutaba.

Del Plan Nacional de Desarrollo, más que su aprobación por el Congreso. Son los países serios que aún pretenden centralizar la planeación de una realidad descentralizada. La crisis en el Departamento Nacional de Planeación, que vive por y para el Plan, y que se ha resistido a la idea de desconcentrarse para concertar la planificación del país con las regiones, que en un mundo globalizado, son los verdaderos actores del desarrollo.

Titulo: ¿Cuál es la crisis del Plan Nacional de Desarrollo? (I)
Autor: Texto periodístico
Numero de párrafo: Cinco (5)
Para que leemos: Informarnos
Tipo de texto: Informativo
Autor de la columna de  opinión: Rodrigo Lara

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